Crónica de una discriminación

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Imágenes de la protesta en Lavapiés. / E. LUNA

“Protestas en Lavapiés contra las redadas policiales racistas. Colectivos pro derechos humanos piden el fin de los controles basados en rasgos étnicos”

Esa mañana, después de varios meses sin hacerlo, llueve intensamente en Madrid.
En la escuela, mientras miramos los teletipos de última hora, comentamos que, aunque hacía falta, es mala suerte que tenga que llover justo hoy, que salimos para hacer nuestra primera noticia en la calle. Pronto me decido a cubrir el acto de protesta que, para esa mañana, han convocado cinco organizaciones pro derechos humanos, para exigir el fin de las redadas racistas por parte de la policía. Hoy es el Día Mundial contra la Discriminación Racial y en el multicultural barrio de Lavapiés, dónde está prevista la concentración, lo tienen muy presente. Hace menos de una semana, el 16 de marzo, hubo enfrentamientos entre vecinos y agentes de la policía en la plaza de La Corrala.
Para confirmar la hora y la localización del evento y preguntar por su opinión sobre la pasada riña, llamo a Amnistía Internacional, uno de los convocantes junto con SOS Racismo, Pueblos Unidos, Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos y Women’s Link Worldwide. Hablo con un representante del departamento de prensa, que confirma los datos de la concentración pero que dice no saber nada de la pelea, salvo lo publicado en la prensa. “Ya te habrás dado cuenta de que las versiones en la prensa sobre ese asunto son bastante dispares”, opina a través de la línea telefónica. Me comenta que en el acto se va a leer un manifiesto en el que se pide a las autoridades que acaben con los controles policiales de identidad basados en perfiles raciales. Accede a enviármelo por correo electrónico. Luego sabré, que algunos de los manifestantes allí convocados son muy críticos con la versión de los hechos que dieron los medios de comunicación, haciéndose eco de la nota de prensa de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, que afirma que —transcribo— “cuatro agentes tuvieron que ser atendidos por diversas lesiones” y que la acción policial estaba sobradamente justificada, ya que se procedió a la detención de una persona de origen senegalés por delitos contra la salud pública, es decir, por tráfico de hachís.

“Una algarabía de pitos y sirenas abrió ayer la concentración convocada por varias organizaciones pro derechos humanos en el madrileño barrio de Lavapiés, con motivo del Día Mundial contra la Discriminación Racial. Bajo una persistente lluvia y al grito de “parad el racismo, no a las personas” y de “ningún ser humano es ilegal”, los colectivos convocantes leyeron varios comunicados en los que exigían a la policía que acabara con los controles de identidad basados en perfiles raciales”

Cuando llego a la plaza de Lavapiés, Esther lleva un buen rato esperando. Sigue lloviendo y hace frio. Ella ya ha estado hablando con alguno de los participantes de las organizaciones, que le aseguran que en lo que lleva de mañana han sabido de al menos cuatro identificaciones de tipo racial, dos en Lavapiés, una en la estación de trenes de Atocha y otra en Plaza Elíptica.
Otro de los asistentes nos dice que según un estudio publicado por el Sindicato Unificado de la Policía (SUP) en su revista mensual Carnet por puntos, el 47% de las detenciones realizadas en los últimos cuatro días de febrero se debieron a vulneraciones de la Ley de Extranjería. El dato, de ser cierto, parece justificar esta concentración.

“Las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos, una de las asociaciones convocantes, hicieron público en su cuenta de Twitter que esa misma mañana antes del evento, ya se habían producido en Madrid cuatro identificaciones por razones étnicas. Brahim, un mauritano que lleva ocho años en España, vecino del barrio de Lavapiés, dijo haber sufrido varios controles similares y haber tenido que ir a juicio en una ocasión por resistencia a la autoridad. “Cuando era pequeño, ya tenía pesadillas con que me llevaba el hombre blanco”, añadió”

La presencia de medios de comunicación es masiva. Calculo que casi un tercio de los que nos concentramos debajo de una nube de paraguas alrededor de los que leen los manifiestos pertenece a la prensa. En un momento de la lectura se escucha ruido detrás de mí y, cuando me vuelvo, me da tiempo a ver un hombre de color de edad indeterminada, con largas trenzas en el pelo y el cuello y las manos llenos de abalorios que grita: “Desde que estamos aquí no hay más crímenes”. Se da la vuelta y se marcha. Yo me acerco hacia donde está Esther conversando con Brahim. Es alto, nos cuenta que sus amigos le aseguran que podría ser modelo. Él dice que no se podría poner desnudo, porque tiene cuatro marcas en el pecho que le hizo su madre cuando era pequeño, para que no tuviera tantas pesadillas con que el hombre blanco le llevaba, como si del mismisimo ogro se tratase. Esas pesadillas ya hace tiempo que no le quitan el sueño, pero sufre los controles a los que se ve sometido en Madrid, por el mismo hombre blanco —y por las mismas razones racistas— con el que soñaba de chico en Mauritania. “Pasa a menudo”, le confirma a Esther. “Vienen de paisano, pero a veces no se identifican y se ponen chulitos”.

“En su comunicado, Amnistía Internacional denunció que algunos policías reciben órdenes para llevar a cabo un determinado número de controles para alcanzar unas “cuotas de detenciones”. 370 de las 8oo detenciones efectuadas en los últimos cuatro días de febrero, se debieron a vulneraciones de la Ley de Extranjería”

Hacia el final del acto público, deslucido por el frio y la lluvia constante, puedo hablar con Helena, una militante de las Brigadas Vecinales que me cuenta el incidente del pasado 16 de marzo, en el que estuvo presente. “Había entre 10 y 15 subsaharianos en la plaza de La Corrala. Llegaron cuatro coches de policía, los obligaron a ponerse contra la pared y los cachearon. Los vecinos empezaron a gritar los mensajes que se han escuchado en la concentración de hoy. Aparecieron cinco agentes vestidos de antidisturbios. Hubo un altercado y se llevaron a un subsahariano y a un chico compañero de las Brigadas Vecinales”. Le pregunto dónde está la plaza y una vez acabado el acto nos acercamos por el lugar para ver si hablamos con alguien que lo hubiese visto. Allí nos encontramos con el mismo individuo de trenzas que gritó en la concentración, que charla con otra persona, un hombre blanco. Mientras comparten un porro de marihuana, Marco, que así dice llamarse, nos cuenta que él fue uno de los que se tuvieron que poner de cara a la pared el otro día, cuando vino la policía.

“El secretario de comunicación del SUP, el inspector Benito, confirmó estos datos así como que los comisarios de distrito presionan a los agentes, bajo amenaza de cambio de destino para que practiquen estas identificaciones que engorden las estadísticas de arrestos. “Muchos reciben hasta 500 euros en complementos retributivos en función del número de detenciones”, lo que Benito califica de “barbaridad”

De esto nos enteramos ya en la escuela. También, de que esto que nosotros creemos una bomba informativa, es algo que ya es de dominio público desde hace más de una semana. La noticia, nos aclaran, es que estas redadas, que ya se venían realizando bajo el Gobierno socialista, se siguen practicando con el Gobierno de Mariano Rajoy. Lo interesante será saber los datos de detenciones en marzo, tras la petición a los ciudadanos por parte de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes,  para que denuncien las identificaciones masivas de inmigrantes y de la promesa del nuevo jefe superior de Policía de Madrid, de que ha ordenado tajantemente que terminen estos controles.

“Lavapiés ha sido escenario en los últimos días de numerosos enfrentamientos entre vecinos y cuerpos de seguridad. El pasado viernes, se produjo una pelea que se saldó con dos detenidos, uno de origen subsahariano, presunto traficante de droga, y otro perteneciente a las Brigadas Vecinales. A la misma hora se aplazaba la vista en los Juzgados de Plaza de Castilla contra seis mujeres de este mismo colectivo, que el pasado 22 de noviembre se opusieron a un control identificativo a personas de apariencia africana, latina y asiática en Embajadores, según informa la misma organización. El camerunés Despin Thounke, fundador de la ONG Bazou Young, declaró visiblemente enojado que “la palabra racista no debería existir en este siglo, se debería cambiar por [la palabra] ignorante”

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