Años de barbarie


Le tocó vivir una época de desintegración de la cultura clásica y la razón, para entrar en otra de violencia e ignorancia entre las clases dominantes. ¿Les suena de algo?
San Isidoro de Sevilla pudo nacer en torno al año 560 d.C., posiblemente en Cartagena, y murió en Sevilla en el año 636 d.C. Es el patrón de los científicos y, desde 2001, lo es también de internet. Al igual que muchos de los cada vez menos jóvenes científicos que pueblan los laboratorios españoles hoy en día, el que durante más de 30 años fue arzobispo de Sevilla, dominaba varios idiomas, como el latín, el griego o el hebreo que, sin embargo, no tuvo que poner en práctica fuera de las fronteras de su tierra. Tenía un basto conocimiento de los avances culturales, sociales y científicos de su época, que recogió en sus monumentales Etimologías (634 d.C.), enciclopedia compiladora del conocimiento adquirido desde la Antigüedad en numerosos ámbitos del saber, como la Historia, la Teología, las Ciencias Naturales o el Derecho.
El por entonces obispo de Zaragoza, Braulio, un buen amigo suyo, se supone que dijo que era “el hombre elegido por Dios para salvar a los hispanos de la marea de barbarie que amenaza con inundar la civilización”. Es el mismo papel que deberían jugar en estos días nuestras instituciones científicas. De hecho, alguna, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se encontraba, en 2011, entre las 10 mejores del mundo (SIR World Report 2011). Pero la ignorante y violenta clase dominante española parece que no está por esa labor.
Después de la presentación del proyecto de los Presupuestos Generales de Estado (PGE) para 2012, la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) presentó, el pasado martes 10 de abril, el informe sobre los recursos destinados a ciencia para este año, cuya reducción supone volver a los niveles de 2005.
Según la COSCE, el descenso en los medios disponibles es “el mayor que nunca se ha dado desde la puesta en marcha de la anterior Ley de la Ciencia de 1986 y desde que empezaron los Planes Nacionales de I+D (Investigación y Desarrollo) en 1988”.
Como en la época de San Isidoro de Sevilla, se produce un cambio de tendencia que, hasta 2009, intentaba corregir el desfase de España en ciencia respecto a otros países de su entorno —con crecimientos de hasta el 15%— y que, desde 2009, ha supuesto una caída constante hacia la barbarie. De 2011 a 2012, la reducción ha sido de cerca de 2.200 millones de euros, lo que supone un descenso del 25,52% en el montante disponible para ciencia, y que es claramente superior al aplicado al conjunto de los presupuestos. Sirva de ejemplo la rebaja del 79,17% respecto a 2011 en la partida para Investigación Educativa.
Y ahora echen ustedes cuentas de cuántos puestos de trabajo significa esta merma, si un científico al inicio de su carrera profesional cobra una media de 25.000 euros brutos al año y cuyo sueldo, para la gran mayoría, depende directa o indirectamente de estas partidas presupuestarias.
El informe reconoce las dificultades para elaborar los presupuestos, pero, en opinión de los científicos, la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i), “debería estar en la base del replanteamiento estratégico en la orientación del futuro del país”, y, sin embargo, la mayor disminución neta —770 millones de euros— se concentra en el montante para Tecnología Industrial. ¿Cómo vamos a poder hacer así algún producto con valor añadido? ¿Es así como vamos a salir de esta Gran Recesión? ¿Haciendo paellas a la espuma de conejo para los turistas? O mejor, ¿utilizando en Eurovegas moneditas de chocolate en lugar de fichas de juego?
A pesar de estas rumbosas cifras, que animan a cortarse las venas con el borde de un folio reciclado, lo más preocupante es que, en 2011, se quedaron sin ejecutar, es decir, sin gastar, más de 3.000 millones de euros, 830 millones más de lo recortado para este año. Todo, por las “dificultades” para hacer efectivas las partidas de créditos, unas “dificultades” causadas por aquellos que han tenido la responsabilidad de su gestión. ¿A qué tenebrosa compuerta trasera habrán sido redirigidos esos fondos?
Y es que ya lo adelantaba San Isidoro de Sevilla hace casi 15 siglos: “Cuando enseñes, no emplees términos oscuros y habla de tal manera que seas entendido”. En el supuesto, claro, de que uno quiera.

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