Los ninis salvajes

Esquina del barrio en el que se produjo el atropello. / E. LUNA

Alrededor de las 21.15 del pasado miércoles, Isabel, vecina del distrito de Puente de Vallecas, escuchó un fuerte golpe y gritos a través una de las ventanas de su casa, que da a la calle del Lago Maracaibo. Al asomarse, observó que un hombre yacía en el suelo en mitad de la calle. Acababa de ser atropellado. “Rápidamente avisé al servicio de emergencias 112, y al volver a asomarme el coche se estaba dando a la fuga”, confirmó la testigo del incidente.
Otros testigos aseguran que el vehículo transitaba a alta velocidad por la avenida de Buenos Aires y al girar con un derrape hacia esa calle, “se llevó por delante” a la persona que cruzaba el paso de cebra. El hombre que resultó herido muy grave fue ingresado en un hospital madrileño con traumatismo craneoencefálico severo.
Otra testigo del incidente asegura que se trataba de un modelo Smart gris y negro con dos ocupantes jóvenes de etnia gitana en el interior. “Tras atropellar al hombre, este se quedó atrapado debajo del coche y al dar marcha atrás, volvieron a pasar por encima de él”. Los autores del atropello, alentados por otros viandantes presentes en el lugar, se marcharon, al igual que estos últimos, sin atender al herido.
Según fuentes policiales, pocos minutos después, se presentó en el lugar de los hechos una patrulla de la Policía Nacional, que se encontró con “un varón de 33 años tendido en medio de la calzada, inconsciente junto a un paso de peatones y sangrando de manera abundante por la cabeza”. Tras acordonar la zona, procedieron a colocar a la víctima en posición de seguridad. Dos dotaciones del Samur llegaron escasos minutos después y constataron que el hombre presentaba un grave politraumatismo. Tras ser intubado y estabilizado, el herido, que llegó a entrar en parada cardiorrespiratoria, fue trasladado al hospital Gregorio Marañón, donde ha ingresado en estado muy grave. El viernes aún no había trascendido la identidad del afectado, que en estos momentos se encuentra en observación la UCI del centro médico. Fuentes del servicio de emergencias del Ayuntamiento de Madrid han declarado que, hasta que no transcurran 24 horas desde el accidente, no se puede conocer la evolución del herido, pero también aseguran que se trata de “un atropello muy extraño”, ya que el herido presentaba varias heridas en el pecho y en la cabeza.
Los vecinos se extrañaban el jueves de que el lugar estuviese tan poco transitado, ya que estas calles, junto con otras de la zona, son frecuentadas por grupos de jóvenes dedicados al menudeo de droga, como los que la noche del miércoles fueron testigos del atropello. La zona es, desde hace años, escenario de carreras de coches entre jóvenes, que, muchas veces, no tienen ni el carnet de conducir, ni la mayoría de edad necesaria para tenerlo.
Las mismas fuentes policiales confirman que las quejas de los vecinos son habituales, pero que nadie se atreve a denunciar. Varios vecinos han declarado a este medio que temen las posibles represalias. Hasta tal punto llega el miedo de la gente, que el jueves por la mañana, una vecina asomada a una ventana se llevó el dedo índice a la boca en señal de silencio cuando se le preguntó si había visto los hechos de la noche anterior. Un silencio que se cierne sobre un vecindario harto de sufrir abusos por parte de jóvenes que, según Isabel, “no tienen nada ganado y, por tanto, nada que perder”, que amenazan a otros vecinos del barrio y que campan a sus anchas ante la pasividad policial.
La Policía Municipal ya se ha hecho cargo del atestado del accidente y trata de localizar a los jóvenes huidos, aunque no se ha querido facilitar más datos, ya que “se trata de una investigación todavía abierta”.

La mayoría de las viviendas de la zona son de realojo. / E. LUNA

Luján, otra vecina del barrio, tiene miedo por su hijo, porque ya son varias veces que se han ensañado con él, y asegura que “las carreras con los coches llevan ya años produciéndose en ese barrio a cualquier hora del día y de la noche”.
Otra mujer, pasea a su perro, un enorme doberman, en un parque cercano al lugar del suceso. “Lo compré por protección”, asegura. “Venir aquí me costó tres años de depresión, y eso que hace cinco años, esto estaba mucho mejor. Ahora estamos dejados de la mano de Dios”.
Esta se trata de una zona de Madrid en la que la mayoría de los bloques son viviendas de realojo propiedad del IVIMA, en la que una gran parte de los vecinos son de etnia gitana.
En este ambiente de inseguridad, en el que también se están empezando a multiplicar los robos en casas y por la calle, muchos de los testigos, a los que hemos tenido acceso, lamentan no tener la capacidad para poder vender su casa y mudarse a otro barrio.

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