¡Qué bonita serenata!

Si alguien pensaba que la costumbre de cantar una serenata de amor debajo de la ventana de la amada (o el amado, según se mire) está ya pasado de moda, es que no se ha dado una vuelta por la noche de Taipei, en la isla de Taiwán.

Allí, casi todas las noches hay machos que se reúnen en corrillos a los márgenes de las carreteras y lanzan un canto apasionado que, independientemente de que guste o no a la hembra en cuestión, puede tener en vela al vecindario hasta bien entrada la madrugada.

Pero tampoco se imagine el lector a un grupo de tunos universitarios vestidos de terciopelo negro tocando panderetas, guitarrones o laúdes. No, nada de eso. De hecho, el curioso que salga a la búsqueda de este musical fenómeno por la atestada ciudad asiática (la más poblada de China por otra parte) tendrá que tener cuidado de no pisar a sus impetuosos artífices, las ranas arborícolas de Mientien (Kurixalus idiootocus), ya que se trata de una especie endémica en peligro de extinción. ¡Nunca antes podía quedar tan impune el hecho de no dejar dormir al personal!

Y es que para que sus llamadas de cortejo tengan un efecto amplificado, algo que parece clave para las hembras de muchos anfibios en la elección de pareja, algunas de estas ranas se bajan de la seguridad de sus árboles y se meten en los desagües de las calles, donde, por efecto del eco y la reverberación, sus cantos (todos ellos de 13 notas y ni una más) resultan ser más potentes y largos que los de sus colegas menos atrevidos. En concreto, una media de unos 4 decibelios más altos y un 10% más duraderos.

Así lo ha demostrado un estudio publicado la semana pasada en la revista Journal of Zoology, en el que un grupo de biólogos de la Universidad Nacional de Taiwán describe las prácticas de esta especie en un suburbio de Taipei durante su época de apareamiento que, por cierto, se dilata entre los meses de febrero y septiembre. ¡Ocho meses de inacabable y repetitiva serenata nocturna!

Aunque el fenómeno de la amplificación acústica ya se conocía desde 2002, cuando se descubrió que otra rana en la isla de Borneo (Metaphrynella sundana) utilizaba los huecos de los árboles para mejorar el alcance de sus comunicaciones, lo interesante de este caso es que, si bien todavía está por comprobar si hay otras razones alternativas para su bajada a las alcantarillas (como, por ejemplo, evitar a los posibles depredadores), esta parece ser la primera evidencia científica del uso por parte de un animal de estructuras construidas por el hombre para reforzar el volumen de sus llamadas.

No queda esclarecido en el estudio, sin embargo, si estos románticos machos tienen más éxito reproductivo que sus potenciales competidores, pero lo que no se puede negar es que dan su mejor “do de pecho” por conseguirlo.

Yo, por si acaso, ya voy practicando…

Carrascal, Carrascal, ¡qué bonita serenata!

Carrascal, Carrascal, ¡que me estás dando la lata!

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