La naturaleza se lo monta de cine

Quedan apenas veinte días para que se celebre en París la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático. De ella se espera que salga un nuevo acuerdo internacional para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados. Y el mundo entero contiene la respiración. Unos, esperando a ver si se esfuma la boina de smog que descansa sobre los tejados de su ciudad. Otros, porque el agua casi les llega a las rodillas y, ante la pasividad general, entrenan para cuando estén con ella al cuello. Una poderosa minoría, pensando que no podrán ajustar los balances de sus empresas con tantos activos dependientes de los combustibles fósiles. Y la gran mayoría, deseando que el acuerdo acabe por ser realista y no se quede en otro simple brindis al sol.

No estaría de más que muchos de los que ya han confirmado su asistencia a esa cumbre, se pasasen antes por la Casa de la Juventud de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y se sentasen a ver alguna de las películas que se van a presentar en el Festival Internacional de Cine Científico y Ambiental de Doñana (FICCAD). Así, al menos, llegarían a París con una pequeña noción del alcance de las decisiones que vayan a tomar. Porque dicen que de todo se aprende.

En el encuentro, que encara su cuarta edición entre el 16 y el 22 de noviembre, está programado que se proyecten ocho películas, todas ellas de relevancia internacional, además de un curso de producción y realización de documentales científicos y de naturaleza, avalado por la Asociación Española de Cine e Imagen Científicos (ASECIC), y una actividad dirigida a los alumnos de enseñanza secundaria bajo el título El cine ambiental en las aulas.

Especialmente destacada será la proyección de En un río en Irlanda, del director John Murray, un título que ganó el Gran Tetón del Festival Jackson Hole (EE UU), el Panda de Oro del Festival Wildscreen (Reino Unido) y el Gran Premio del Festival de Cine de Naturaleza de Japón, tres de los premios más importantes de cine de naturaleza del mundo.

 

Barack Obama, Vladímir Putin o Xi Jinping, de incógnito en la última fila, también podrían disfrutar de WildMed, el último bosque mediterráneo, del director manchego Arturo Menor (Amigas del aire, 2009; Ecología de la muerte, 2009), la película española de naturaleza con más galardones en festivales nacionales e internacionales. La cinta, sobre la vida salvaje en Sierra Morena, ha obtenido 8 nominaciones en los últimos Premios Goya y ha sido galardonada en los festivales internacionales BICC Ronda (España), Vaasa (Finlandia) y San Petersburgo (Rusia), en 2014, y en el Festival de Cine de Naturaleza de Japón, en 2015. Y, quién sabe, a lo mejor acaban, como fogosos adolescentes, dándose el lote en la oscuridad de la sala.

 

No tan premiadas, aunque igual de interesantes, son el resto de películas que se exhibirán a lo largo del festival.

Iberia salvaje: Invierno, de Álvaro Mendoza

 

La isla de los lémures, de Laura Casamayor

 

Tiempo de azores, de Nacho Ruíz.

 

River Dog, de los neozelandeses James Muir y Daniel Hunter

 

El pasajero del viento: La espátula menor, del taiwanés Chieh Te Liang

 

Así como el estreno mundial de Venidos del cielo, de Carlos Pérez.

 

La entrada será libre y gratuita, así que no caben más excusas. ¡Larga vida al FICCAD! Y a la naturaleza, claro. Por la cuenta que nos trae.

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